El comienzo.
Segovia,
11 de Diciembre 2012.
Sebas llegó a casa de sus amigos. Habían quedado para
celebrar las fiestas de Navidad con sus compañeros de facultad antes de empezar
las vacaciones.
Llegó con Celia. La conoció el primer día de facultad. Una
chica morena, con unos ojos color miel preciosos. Cuando Sebas la vio por
primera vez, supo que sería para toda su vida.
La casa estaba abarrotada de compañeros de universidad,
gorros con forma de árbol de Navidad y vasos de litro con mucho alcohol.
Sebas siempre era el alma de las fiestas y esa noche no
sería diferente. Cuando entró, saludó a sus colegas y fue a servirse una copa,
mientras hablaba con sus compañeros sobre los planes que tenían pensando
organizar durante las vacaciones.
Uno de ellos, que llevaba varias copas, sacó del bolsillo
una bolsita transparente con lo que parecía cocaína.
Sebas, aunque era fiestero, no era nada partidario de las
drogas, y, como estudiantes de Medicina, conocían de primera mano los estragos
que esas sustancias hacían en las personas que las tomaban.
Intentó convencer a su compañero que, tras una larga
conversación, vertió el contenido de la bolsa en el fregadero.
La fiesta continuó sin incidentes hasta altas horas de la
madrugada. Sebas ya llevaba unas cuantas copas encima y su perspicaz atención a
su entorno no era el mismo.
El mismo compañero que tenía la cocaína sacó de una bolsa
algunas pastillas, con el objetivo de verterlas en las copas de sus amigos y
amigas y reírse un rato.
Por desgracia, la broma no salió como esperaba. Puso
dosis muy altas en las copas de sus amigos y en la suya propia.
Algunos, entre ellos Celia, sufrieron una sobredosis. Desgraciadamente
Celia murió junto con tres compañeros más.
La noticia fue mediática y, lo que era una reunión de
inocentes compañeros en una fiesta de Navidad, se convirtió en un trágico
recuerdo.
Sebas siempre se culpó por esto, por no estar pendiente.
Él podía haberlo evitado. De haber sido así, el amor de su vida seguiría vivo.
No tuvo fuerzas para ir al emotivo funeral. Aunque
llevaban algún tiempo no conocía a los padres de Celia. Sabía que tenía una
hermana menor y poco más.
Desde entonces, las noticias recordaban el
aniversario de esta tragedia y, cada once de diciembre, él sentía esa
culpabilidad. Huyó de su ciudad con la esperanza de poder dejar atrás esa
culpa, pero por desgracia no funcionó.
Desde entonces, ese chico extrovertido y cariñoso se fue
volviendo frío, y no solía relacionarse con más gente que la de su trabajo y
familia cercana. Aunque nadie le culpaba, él si lo hacía.
Comentarios
Publicar un comentario